martes, 20 de enero de 2009

Sábado diecisiete

Mis manos trataban de alcanzarte mientras afuera llovía copiosamente, y las gotitas se estrellaban contra un suelo cargado de recuerdos, historias, pasos, caídas y alucinaciones. Una fuerza magnética, invisible y poderosa, guiaba sus caminos hacia ti, mientras se abrían paso entre la verguenza, el arrepentiemiento y el peso de los errores cometidos, como salmones volviendo a su lugar de origen a desovar. Esquivando osos y piedras, frágiles y desprovistos de protección alguna. Un complicado juego de dados en el que no hay número ganador, ni número perdedor... sólo dos manos abriéndose paso y esquivando peligros para llegar a desovar caricias en tu cándido rostro.

Un viaje que empezó por accidente, cuando el llamado de la naturaleza obligó a la reproducción. A la reproducción del pasado y la delegación de la labor no concluída a la nueva generación. Un accidente propiciado por el llamado de la naturaleza, y en su nombre las conspiraciones del universo que obligaron, como por artificio de una fuerza magnética, invisible y poderosa, a que una llamada con un mensaje trivial se desviara en su camino y fuera recibida por otro destinatario.

Un canal abierto y por accidente, que pronto nos dejó desnudos y presos de recuerdos y emociones casi muertas y ya enterradas. Un golpe seco y mortal que rompió la cáscara de indiferencia que había crecido. Una ola gigante de agua fría que remojó la tierra y llenó de vida lo que yacía inmóvil y acallado por el peso de los paradigmas, que vuelven incorrecto lo que nuestro corazón anhela.

Un anhelo que calentaba el suelo de la plaza fría y húmeda, y hacía que surgiera una especie de humo, un vaho de recuerdos cálidos y sobrecogedores que envolvía nuestros pies y los hacía trazar el mismo camino por las sombrías calles del centro de la ciudad, con destino a no querer separarme de ti esa noche. Con destino a buscar excusas para parmanecer junto a ti.

Con destino a un bar, lleno de recuerdos y alegrías, de pasiones y de voces cantando canciones sobre la vida, sobre corazones idiotas e ideales mágicos. Acordes, voces y arreglos emblemáticos de un alma enamorada e inocente. De un alma loca e incoherente, tonta y atolondrada, pero serena y despreocupada. Tambores que marcan el ritmo de un corazón desenfrenado y excitado mientras dos manos se tocaban por debajo de la mesa. Por debajo de todas las miradas inquisitivas y penetrantes, por debajo de nuestras propias miradas, tan inquisitivas como las de los extraños que presenciaban, sin darse cuenta, un acto de magia perfecto.

Un acto impuro, venido de los más puros deseos del alma. Un cualquier cosa, vámonos, un vocal: quiero ver una película contigo. Un tácito: quiero besarte y prenderme a tu cintura. Vámonos que tengo prisa por estar contigo. Tengo prisa por besar tu pecho y tu vientre... tengo prisa porque el alba nos pille con el alma y los cuerpos desnudos. Tengo prisa por estar preso tras dos poderosos barrotes que en su extremo tienen dos manos entrelazadas para no soltarme.

Duerme que tu confidente no despierta, ella sigue dormida soñando con mi confidente, tú sigue durmiendo y soñando conmigo. Sigue flotando y sonriendo. Sigue acostado sobre mí y, por favor, no abras los ojos. Mantenlos cerrados y sigue soñando. No te despiertes, que si no es contigo ya no puedo soñar.

Si no es contigo no puedo seguir volando, y me gusta mucho volar. Me he quedado con las alitas que te corté por imprudente. Y ahora no quiero devolvértelas. Quiero que vueles siempre prendido a mi pecho.

Vámonos juntos que yo te llevaré hasta donde quieras llegar. Vámonos juntos a nuestro mundo, debajo de mis cobijas donde tú eres soberano principito y yo servil y solícito esclavo. Prepara tu equipaje que el viernes partiremos, tengo aquí el billete del tren que nos llevará. Dice claro y premonitorio: "La escafandra y la mariposa". Hay que romper la escafandra para que salga la mariposa y vuele libre por tu estómago cuando tus ojos me miren, tiernos y puros, sin que sea aprisionada por el peso del pasado.

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